Junio 2007


Durante los primeros siglos de la colonia no existían cementerios públicos y los muertos eran sepultados dentro de las iglesias o en sus patios aledaños. En las excavaciones arqueológicas que se realizaron durante la construcción de la línea Cinco del Metro de Santiago, se excavó parte del cementerio de la antigua Catedral de Santiago, que se remontaría a un período anterior al año 1750.

Los restos enterrados estaban en el costado norte y noreste de la actual Catedral, en el sector que correspondía a la entrada principal de la antigua iglesia, cuando esta estaba sobre la calle Catedral, precisamente. Esta ubicación sugiere que las personas inhumadas en este lugar no pertenecían a la elite de la época, puesto que el costo por ser sepultado en las iglesias era mayor en los sectores más cercanos al altar y menor a medida que se acercaba a las puertas. En este cementerio se enterraron mujeres, hombres y niños quienes eran depositados directamente en la tierra, extendidos de espalda o flectados, y posiblemente envueltos en una mortaja. Algunos de ellos fueron enterrados con un ajuar funerario compuesto de medallas o aros.

Las costumbres funerarias recién comenzaron a cambiar durante el gobierno de Bernardo O’Higgins cuando se legisló para evitar los entierros en las iglesias y para establecer un cementerio laico en las afueras de la ciudad. El lugar sería un terreno de la Orden de los Dominicos entre el camino de la Recoleta y la Cañadilla, al norte de la ciudad.

Vicente Pérez Rosales, el primer escritor chileno, en “Recuerdos del pasado: 1814-1860”, para referirse a Santiago de 1814 dice:

“visto desde la altura del Santa Lucía, parecía, por sus muchos arbolados, una aldea compuesta de casa quinta alineadas a uno y otro lado de sus calles cuyas estrechas veredas invadían con frecuencia, ya estribos salientes de templos y de conventos, ya pilastrones de casas más o menos pretenciosas de vecinos acaudalados; cosa que no debe causar maravilla, porque la Iglesia y la Riqueza nunca olvidan sus tendencias invasoras.

Nuestra capital solo contaba con una recoba y con una sola plaza mayor, en la cual se encontraban, junto con las mejores tiendas de comercio, la catedral, un convento de monjas, la residencia de las autoridades, el cabildo, y la inexorable cárcel pública que, a usanza de todos los pueblos de origen español, ostentaba su adusta reja de hierro y las puercas manos de los reos que, asidos a ella, daban audiencia a sus cuotidianos visitantes. Era cosa común ver todas las mañanas tendidos, al lado de afuera de la arquería de este triste edificio, uno o dos cadáveres ensangrentados, allí expuestos por la policía para que fuesen reconocidos por sus respectivos deudos.

Desde la puerta de la cárcel, y formando calle con la que ahora llamamos del Estado, se veía alineada una fila de burdos casuchos de madera y de descuidados toldos, que con el nombre de baratillos, hacían entonces las veces de las graciosas tiendecillas que adornan ahora las bases de las columnas del portal Fernández Concha. Tras aquellos repugnantes tendejones se ostentaba un mundo de canastos llenos de muy poco fragantes zapatos ababuchados, que esperaban allí la venidas de los sábados para proveer de calzado a los hijos de las primeras familias de la metropoli, porque parecía de ordenanza que a estos jovencitos sólo debía durar una semana un par de zapatos de a cuatro reales el par.

En vez del actual portal Fernández Concha, existía una baja y oscura arquería donde estaban colocadas las tiendas de más lujo, verdaderos depósitos de abastos en los cuales encontraba el comprador, colocados en la forma más democrática, ricos géneros de la China, brocados, lamas de oro, gefetas, zarazas, lozas y cristales, cuentas para rosarios, chaquiras, juguetes para niños, cuadros de santos, cohetecitos de la China, azúcar, chocolate, yerba, quincalla, y cuánto Dios crió, alumbrado de noche con velones de puro sebo colocados en candeleros de no menos que puro cobre, con su obligado séquito de platillos de despabileras y de chorreras de sebo.”

Domingo 24, Junio
9:45a12:30

Para continuar con nuestro programa de recorridos patrimoniales gratuitos por la ciudad de Santiago, Cultura Mapocho te invita a una nueva oportunidad de llegar “Caminando al Bicentenario”. El próximo domingo 24 de junio la actividad se inicia en la estatua ecuestre de Pedro de Valdivia, en la Plaza de Armas a las 10:00 horas, y finaliza en la Plaza Vicuña Mackenna, a los pies del Cerro Santa Lucía aproximadamente a las 12:30 horas.

En este sexto recorrido podremos internarnos en un viaje que conecta el pasado y el presente de nuestra ciudad, a partir de las decisiones del capitán Valdivia y el alarife Gamboa en Plaza Mayor. Mirando los planos históricos de Santiago, fundidos en bronce y que se encuentran en el suelo de la Plaza, frente al actual Museo Histórico Nacional, daremos cuenta de tres siglos de evolución de la ciudad y de las distintas forma de representarla gráficamente. En el kilómetro cero, el punto de partida de todas las distancias nacionales, analizaremos el espacio de la Plaza como lugar de la convivencia, el crecimiento, las principales ceremonias civiles y religiosas, los tormentos de la naturaleza y los humanos, las variadas costumbres y actividades sociales que forman parte de nuestro acervo más reconocible.

En el periplo cruzaremos por el interior de la Catedral Metropolitana, bordearemos el edificio del ex Congreso Nacional, nos detendremos en la plaza Montt-Varas frente al Palacio de los Tribunales. Luego pasaremos por frente al lugar en que estaba el teatro en que cantó Carlos Gardel, el histórico lugar en que estuvo el Hotel Crillón, el primer cine de la ciudad y la primera sede de la Universidad Católica. Luego iremos a la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia para ver al Señor de Mayo. Pasaremos por el frontis del Teatro Municipal y la Biblioteca Nacional para terminar en la antigua Plaza Vicuña Mackenna. Todo esto para rescatar la historia de la ciudad y sus habitantes.

Para aventurarnos en esta experiencia única, les solicitamos llegar 15 minutos antes del inicio, a las 09:45 horas, llevar algún refresco, vestimenta cómoda y abrigada, así como muchas ganas de interactuar con nuestra ciudad. Y, especialmente, les pedimos responder a la presente invitación, que pueden extender a su familia. La salida se suspende si llueve el domingo en la mañana.

Marco Cancino (F: 07-790.49.83)

Vólker Gutiérrez (F: 09-624.25.99)

Luciano Ojeda (F: 09-499.08.41)

lojeda@mapocho.org