Santiago hacia 1750 aun era una ciudad pequeña. El cronista Antonio de Ulloa en 1748, dice que la ciudad medía quince cuadras y media de este a oeste y siete cuadras y tres cuartos de norte a sur. Una medida irregular provocada por el siempre cambiante lecho del río Mapocho. Los arrabales del norte del río y los del sur de la Cañada no son considerados por estar habitados por gente pobre, que también en esa época no contaba.
Tanto la Recoleta Dominica como la Recoleta Franciscana no estaban dentro de la ciudad, eran lugares extramuros, alejados del ruido mundanal y urbano para favorecer la contemplación y el retiro espiritual de sus religiosos.
La Iglesia Católica ocupa un lugar muy destacado en la sociedad chilena y en la ciudad, las torres y campanarios de sus templos se pueden ver desde lejos: la Catedral con un obispo y varios canónigos, las parroquias del Sagrario, la de Santa Ana y San Isidro, así como los conventos de San Francisco, San Diego, los dos de Agustinos, uno femenino y otro masculino, el de Santo Domingo, la Merced y San Juan de Dios, además de los 5 colegios de Jesuitas: San Miguel con la iglesia de la Compañía, Noviciado, San Pablo, Convictorio de San Javier y la Ollería, son los templos que marcan profundamente el paisaje de la ciudad de Santiago.
La educación a mediados del siglo XVIII es una actividad en la que los religiosos gastan gran parte de sus energías y el gobierno de la ciudad sus fondos.
Las escuelas de los conventos y parroquias eran financiadas con fondos del Cabildo, que toma la iniciativa reemplazando a los expatriados jesuitas con otros religiosos así como vela por el mantenimiento de los muebles escolares.
La Real Universidad de San Felipe, creada en julio de 1738, se instaló en marzo de 1747 y sus cátedras empezaron a funcionar en enero de 1758. Tenía una modesta pero sólida construcción en el actual emplazamiento del teatro Municipal, mismo lugar que usará su sucesora creada muchos años después, en el Chile republicano, el 19 de noviembre de 1842.
El convictorio de San Francisco Javier se convertiría en el Convictorio Carolino con la expulsión de la Compañía de Jesús de los territorios de la Corona Española. Funcionó en el antiguo convento principal de la Compañía en la calle homónima, esquina de Morandé, llamada en esos tiempos Calle de la Botica. Manuel de Salas levantó la Academia de San Luis para la formación de una escuela industrial con funcionamiento nocturno, se instaló en 1797 apoyada por el Consulado y el Cabildo.
Hacia fines de la dominación hispana había unos trescientos alumnos en estos establecimientos, sin contar el seminario diocesano. En 1813, el 10 de agosto, se forma el Instituto Nacional absorbiendo a los establecimientos escolares preexistentes.
