Agosto 2008


Domingo 31, Agosto
10:45a13:30

Al finalizar el mes de agosto, Cultura Mapocho desea invitarlos a celebrar con nosotros la edición número 20 de nuestros Recorridos Patrimoniales por Santiago, programa gratuito desarrollado en forma ininterrumpida desde enero de 2007. A través del ejercicio de caminar hitos significativos de la ciudad capital, en este tiempo hemos ido redescubriendo aquellas historias que conectan el pasado con el presente de Santiago, especialmente en lo que dice relación con el papel jugado por las personas, conocidas o no, en la conformación de lo que hoy tenemos y lo que deseamos proyectar como habitantes y como sociedad. Muchos de ustedes son parte fundamental en que este proyecto cívico y ciudadano sea hoy una realidad consolidada que, por lo mismo, cuenta ya con el apoyo de importantes instituciones culturales. Y celebraremos como corresponde: realizando un nuevo Recorrido Patrimonial por Santiago, el próximo domingo 31 de agosto.

En la presente ocasión, el viaje nos llevará desde el corazón de la ciudad, la plaza de Armas, hasta el inicio del antiguo barrio de la Chimba, por donde se asomó Pedro de Valdivia a la cuenca del Mapocho, allá por fines del 1540. El costado norte de la propia plaza de Armas, la iglesia de Santo Domingo, la Posada del Corregidor, el mismo río Mapocho (con sus desaparecidos y actuales puentes), el Mercado Central y toda la bullente actividad de La Vega, la imponente y casi centenaria Estación Mapocho, el legendario monumento a los héroes de Iquique, la Iglesia de la Recoleta Franciscana, el febril comercio de Patronato y su histórico vínculo con población inmigrante, todos esos y otros hitos más serán parte de la ruta que seguiremos el próximo domingo 31.

La cita la iniciaremos a las 11:00 horas, a los pies de la estatua ecuestre a Pedro de Valdivia (costado norte de la plaza de Armas) y culminará, aproximadamente a las 13:00 horas, frente a la Estación Mapocho. Deseamos recalcar el carácter gratuito de este programa y que, además, no tiene más limitantes que el deseo de vincularse activamente con la historia de Santiago. De igual forma, los instamos a llegar 15 minutos antes de la hora de comienzo, a extender la presente invitación a amigos y familiares, y a llevar vestuario y calzado cómodos. Los que dispongan de cámaras fotográficas o de video tendrán la posibilidad de registrar las imágenes y las palabras que vinculan el pasado con el presente de nuestra ciudad capital.

Organiza:

Cultura Mapocho
Cultura Mapocho
www.culturamapocho.cl

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02-335.61.62

Contactos:
Vólker Gutiérrez A.
02-458.01.59 / 09-624.25.99
vgutierrez@mapocho.org
Luciano Ojeda C.
02-326.92.38 / 09-499.08.41
lojeda@mapocho.org
Patrocinan:
Biblioteca de Santiago
Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos
Museo de Santiago Casa Colorada

Hace pocos días, la presidenta Michelle Bachelet colocó la primera piedra de la que será la Clínica Bicentenario, que se inaugurará en la comuna de Maipú, cómo no, en el año 2010. Una nueva obra que se agrega a la variedad de estructuras y trabajos que constituirán el regalo que se desea entregar a Chile para tan significativa conmemoración. Algo similar a lo que ocurría hacia 1910.

Los discursos y actos oficiales de estos meses, más allá de la contingencia y contextualizados por lo que hoy somos, están cargados de evocaciones y proyecciones. Recuerdos para los personajes y hechos que nos formaron como país; perspectivas de un Chile señero y pujante. Pasado y futuro. Historia y porvenir.

No puede ser de otra forma. Sin rastro, sin vestigio, sin memoria, nada se puede proyectar. Quienes tengan un conocido con el mal de Alzheimer tendrán ejemplo claro de qué hablamos. O también los que en el colegio hayan puesto algo de atención a su profesor de historia. Ahí está el valor del trabajo de quienes escarban en el pasado, de los que nos indican cómo hemos llegado a ser lo que somos.

Pero si, en paralelo, vamos destruyendo las marcas que nos permitieron construir nuestro presente, nos ocurrirá por lo menos algo similar que a los hermanos Hansel y Gretel, cuando los pájaros les comieron las migas de pan que les marcaban el sendero a casa, en medio del bosque: estaremos perdidos.

Y ya que sacamos a colación a las aves, vamos al grano.

En el pasado mes de julio, investigadores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, tras varios años de acopio de antecedentes, recibieron una gran noticia: ganaron el Fondart con su proyecto de elaboración del expediente para declarar monumento nacional al conjunto de bodegas y silos de la ex Empresa de Comercio Agrícola (ECA), ubicados en la capitalina comuna de Quinta Normal. ¡Bien por la revitalización de la memoria!

El lunes 4 de agosto, tres días después de recibir el cheque con el monto solicitado al concurso y, paradojalmente, mientras una de las académicas responsables del proyecto se preparaba para exponer en un seminario sobre patrimonio y ciudad, los investigadores se enteran que la casi totalidad de los más de sesenta silos de la ex ECA han sido demolidos.

¡Mal por la negación de la memoria!

Los silos antes de su demolición

Quinta Normal es una comuna “mediterránea”. No puede crecer hacia los costados. Debe hacerlo, pues, si quiere, en altura. Quinta Normal es una comuna “vieja”. Fue una de las más afectadas por el terremoto de 1985, que no tuvo piedad con sus numerosas paredes de adobe. Si Quinta Normal -o el país- quiere renovarse, ¡en hora buena! Todos necesitamos (cual más o cual menos, cual antes o cual después) re-hacernos, re-crearnos, re-vivirnos. Nadie en su sano juicio se puede oponer a tan noble, humano y necesario afán. Mas, con ese mismo sano juicio, ¿podemos negar, esconder o barrer lo que, en esencia, hemos sido?

Por ahora, no vamos aquí a levantar el dedo acusador contra especulaciones de terrenos o negociados inmobiliarios. No hablaremos, por mientras, de sobrepoblación en la capital ni de saturación de la cuenca de Santiago. Tampoco haremos referencia alguna a la estética de las incontables moles habitacionales que, entre otras cosas, aún no prueban su calidad verdadera ante un sismo de proporciones, ni exhalaremos lamentos por la pérdida indiscriminada de terrenos agrícolas en la región Metropolitana. Por ahora.

A quienes nos vinculamos con el tema del patrimonio cultural, la historia o la recreación de la identidad, puestos frente a hechos como el narrado en los párrafos precedentes, nos suele acudir un dejo de preocupación y desconsuelo, cuando no de irritación. Debemos construir sobre y con nuestra identidad, no en su contra.

Le concedo a un lector que desconozca la historia el derecho a dudar de la necesidad de conservar los silos y bodegas de Santiago de la ex ECA. Pero me gustaría también, para que pudiera emitir un juicio más formado, a que se interiorizara un poco de lo que representaron esas construcciones propias de un país que comenzaba a industrializarse a mediados del siglo pasado y que, más allá de la estructura física, expresaron un modo de hacer país, una manera de enfrentar el mundo y una apuesta de futuro.

Durante la destrucción de los silos de ECA

La desaparecida ECA fue responsable, desde 1940 y hasta el régimen militar, de comercializar en Chile diversos productos agrícolas que se cosechaban en nuestras tierras o en el extranjero. Para cumplir con su misión, esta empresa contaba con inmensas bodegas y silos en los que conservaba, entre otros, trigo, maíz y arroz.

Por aquel período, momento de impulso industrial de Chile, de la mano de CORFO y otras instituciones señeras, el país se aprestaba a acometer de verdad la tarea que los ingleses habían iniciado casi doscientos años antes. Entre otras necesidades, se requería mejorar la distribución y comercialización de los frutos que generaba la agricultura y, por lo mismo, había que construir bodegas capaces de contener, por ejemplo, toneladas de granos. No sólo eso. También era menester vincular a las bodegas con el mejor medio de transporte terrestre existente: los ferrocarriles.

Quien mirara la zona poniente de Santiago desde una altura mediana, podía distinguir unos cilindros de cemento que marcaban con su presencia un sector aledaño a la calle Mapocho, a escasas cuadras de la calle Matucana. Quien se acercara a ese punto, podía admirarse de la envergadura, disposición y calidad de esas estructuras, además de la febril actividad en su interior. Y, como si ello no bastara, podía observar la presencia de rieles y escuchar máquinas ferroviarias, con sus respectivos vagones, pululando entre los silos, recién llegados desde el sur y habiendo cruzado la Estación Central, o prestos a partir hacia Valparaíso tras pasar por la entonces señorial Estación Yungay. Eso fue la ECA.Desde otra perspectiva, la misma destrucción

Para la profesora de Arquitectura de la Universidad de Chile y responsable del proyecto ganador del Fondart, María Paz Valenzuela, los silos de Santiago de la ex ECA “representaban un testimonio de historia viva, en abandono pero no en ruinas; significaban un valor arquitectónico, expresado en su materialidad y espacialidad; y contenían un valor cultural, en tanto esas edificaciones formaban parte de un contexto, de un período, que permitía evocar”.

Sin esconder su desazón, la profesora Valenzuela señala que la iniciativa que dirigía “apuntaba a iniciar acciones que le otorgaran protección definitiva al complejo de la ex ECA, el de mayor envergadura en su tipo en el país y uno de los más avanzados en el mundo, incluso con línea de ferrocarril propio”.

Y si bien este proyecto se quedó sin objeto de estudio que proteger, esperamos que los discursos y obras que pretenden adornar el Bicentenario de Chile expresen una mirada de futuro que se base en el cuidado de lo loable que, con no poco esfuerzo, hemos construido durante los siglos precedentes. De lo contrario, no podremos exigir a las generaciones venideras el más mínimo respeto por lo que estamos haciendo hoy. O quizás, como expresa María Paz Valenzuela, “… Sólo vivamos de recuerdos, porque para ver, vivir y admirar magníficos edificios industriales reconvertidos y bullentes de actividad, será mejor pasear por Puerto Madero en el inigualable Buenos Aires”.

La actividad que desarrollamos en la Biblioteca de Santiago, con motivo del Día del Niño, se inció en la Sala Novedades de la misma biblioteca con la presentación de algunos fragmantos de la historia de la ciudad y en particular de la historia del barrio oniente y la Quinta Normal. En la imagen se ve a algunos de los participantes.

Participantes de la actividad en la Biblioteca de Santiago

Una vez que partimos de la Biblioteca caminamos hasta la entrada de la Quinta Normal para relatar la historia del recinto y dar las instrucciones a los participantes en el recorrido.

En la entrada de la Quinta Normal

Luego de reconocer parte de la rica vegetación y jugar en torno a un alcornoque pasamos por el viejo invernadero y el antiguo Jardín Chileno para rodear el Museo Nacional de Historia Natural y mostrar las instalaciones del Museo Ferroviario. Una vez frente al Museo de Ciencia y Tecnología, cerrado por un raro corte de luz en un día crucial, Vólker Gutiérrez dio instrucciones a los niños para jugar en la entrada con los grandes aparatos que permiten conocer el comportamiento de las ondas de sonido.

Vólker y los niños frente al Museo de Ciencia y Tecnología

Finalmente, luego de una larga y entretenida mañana de recorrido y aprendizajes por la Quinta Normal volvimos a la Biblioteca para entregar los certificados y diplomas departicipación a los niños que vivieron su día con nosotros.

Rafael Chavarría, Gestor Cultural de la Biblioteca de Santiago entregó los diplomas a los niños participantes.

Rafael Chavarría entrega diplomas en la Biblioteca de Santiago

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