鈥淒e la rosa nos queda 煤nicamente el nombre鈥
Umberto Eco.聽

Acto 1. Noticia en el portal de internet de un importante medio nacional:

“Queremos luz” y “Que den la cara” fueron los gritos m谩s escuchados este mediod铆a frente al edificio de Chilectra, ubicado en calle Santa Rosa. Esas frases pertenec铆an a un centenar de pobladores de Quilicura, quienes reclamaron por la falta de energ铆a el茅ctrica en su comuna.

Acto 2. Texto de noticia en el mismo portal anterior:

Todo comenz贸 en el sector de Las Hualtatas, en la comuna de Vitacura, cuando los vecinos avisaron de la presencia de cuatro delincuentes sospechosos a bordo de un jeep Vitara, que merodeaban el sector robando especies de veh铆culos estacionados.

Acto 3. Noticia antigua en el mismo sitio de internet:

Representantes de los pobladores sin casa de la toma de Pe帽alol茅n entregaron copias de una carta a los vecinos de la comunidad ecol贸gica de esa comuna para explicar su situaci贸n, pedirles que no discriminen ni promuevan las distancias sociales.

驴C贸mo se llama la obra?

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En su 鈥淐hile actual, anatom铆a de un mito鈥, el soci贸logo Tom谩s Mouli谩n, haciendo una revisi贸n de la historia m谩s reciente de este pa铆s y en una nota al pie de p谩gina, llam贸 la atenci贸n acerca de que los opositores a Salvador Allende, al denominar como 鈥渦peliento鈥 a quienes eran partidarios de ese gobierno, acu帽aron 鈥渦na poderosa construcci贸n ling眉铆stica que junta UP con 鈥榩eliento鈥, chilenismo sin贸nimo de roto, pero m谩s despectivo a煤n鈥.

La disputa por apropiarse de (o motejar a otros con) ciertas denominaciones es de viejo cu帽o y se desarrolla en los campos m谩s variados de la actividad humana. Por ejemplo, es lo que ocurre con los m茅dicos, que son llamados doctores sin haber realizado (o aprobado) un estudio de doctorado. O, en arenas m谩s peliagudas e interesantes, es lo que pasa con algunas definiciones pol铆ticas: qui茅n decide al que le corresponde el apelativo de momio, fascista, de izquierda, revolucionario, reaccionario, de centro, de centro-derecha, etc., etc.

Pol茅mico tema este de los nombres que, en un terreno mucho m谩s pedestre, a los padres (no a todos, lo reconozco) los complica enteros cuando deben elegir la 鈥渕arca鈥 que llevar谩n de por vida sus reto帽os.

Pues bien. Existe otro escenario interesante, el del paisaje urbano, en el que tambi茅n se presenta este problema de las denominaciones. En rigor, la primera dificultad al querer aplicar un nombre gen茅rico a quien habita la ciudad, que ser铆a el de 鈥渃iudadano鈥, es que tal palabra se restringe a los poseedores de derechos c铆vicos (los que pueden votar y ser electos en cargos de representaci贸n popular). Por tanto, un ni帽o que vive en la ciudad no ser谩 llamado ciudadano.

Por otro lado, y recurriendo a lo que se帽ala el Diccionario de la Lengua Espa帽ola, de la Real Academia Espa帽ola (RAE), hay dos t茅rminos que tienen plena cabida cuando queremos hablar o referirnos a cualquier residente en la ciudad: poblador o vecino.

En el caso del primer vocablo, la RAE define a poblador como un adjetivo (posible de usar tambi茅n como sustantivo) que se aplica a los habitantes de un lugar. A su vez, la misma instituci贸n se帽ala que el habitante es 鈥渃ada una de las personas que constituyen la poblaci贸n de un barrio, ciudad, provincia o naci贸n鈥.

Por su parte, en la situaci贸n de la palabra vecino, la RAE indica cuatro significados posibles, donde el tercero hace referencia a quienes 鈥渉abitan independientemente en una misma poblaci贸n, calle o casa鈥.

O sea, cuando queremos hablar de alguien que reside en la ciudad, podemos indistintamente hacer uso de los t茅rminos 鈥減oblador鈥 o 鈥渧ecino鈥. Pero algo diferente a esas posibilidades que el diccionario nos entrega es lo que ocurre hoy en Chile (y quiz谩s en cu谩ntas partes m谩s) con la utilizaci贸n de los nombres ante se帽alados. Y, en especial, cuando se ocupa el primero de ellos.

No es posible desconocer que en la historia de nuestras ciudades, al momento de formarse un conjunto habitacional, se utiliz贸 bastante la f贸rmula de 鈥減oblaci贸n tanto tanto鈥 (Poblaci贸n Jos茅 Mar铆a Caro, Poblaci贸n G贸mez Carre帽o, Poblaci贸n La Victoria, Poblaci贸n Lo Franco, etc., etc.). M谩s todav铆a si la agrupaci贸n territorial nac铆a producto de una ardua lucha y no pocos sacrificios. Incluso, rigurosas investigaciones y publicaciones centradas en el problema de la vivienda hablan de poblaciones y pobladores. As铆, tiempo atr谩s, nadie concurr铆a en desliz ling眉铆stico ni menos en discriminaci贸n social alguna cuando, a los que formaban parte de una poblaci贸n, se les llamaba pobladores. De hecho, hab铆a quienes ostentaban con orgullo tal denominaci贸n y lo se帽alaban casi como certificado de compromiso pol铆tico, cuando no una prueba de haber sido parte de una legendaria batalla.

Sin embargo, habido cambio de costumbres y de miradas (igual que tambi茅n evoluciona y se modifica la lengua), hoy por hoy se hacen esfuerzos para eliminar aquellos elementos que conllevan un dejo de discriminaci贸n de cualquier tipo (tal cual ocurre con la norma que obliga a los servicios p煤blicos a no solicitar la fotograf铆a en el curr铆culum vitae de los que postulan a emplearse ah铆). Algo que parece estar lejos de la mayor铆a de los medios de comunicaci贸n (y de unas cuantas autoridades, de hoy y de antes) cuando hacen una clara distinci贸n al momento de ocupar las palabras 鈥減oblador鈥 o 鈥渧ecino鈥, como se puede observar en las citas de noticias al comienzo de este texto. 驴Se imaginan ustedes al alcalde Ra煤l Torrealba hablando de los pobladores de Vitacura?, 驴o que alg煤n matutino haga referencia a que el presidente Pi帽era es poblador de la calle San Dami谩n? Puede sonar divertido en este ejercicio de ficci贸n, pero el asunto tiene otro tufillo en nuestra realidad urbana, 驴o no?

En la regi贸n del B铆o B铆o, espec铆ficamente en la comuna de Yungay, se ubica el poblado de Cholgu谩n鈥 S铆, es cierto, as铆 se llama. La mayor铆a de los chilenos pensamos que ese nombre est谩 reservado s贸lo para las delgadas planchas de madera prensada que se suelen usar en la fabricaci贸n de muebles. Pasa lo mismo con Trup谩n, otra localidad de esos parajes repletos de pinos, que es el 谩rbol ocupado para fabricar estas placas. No es de extra帽ar, en todo caso, que el resto de los chilenos no tengamos idea de la existencia de 茅stos y numerosos otros pueblos repartidos a lo largo del pa铆s, tal cual lo demostr贸 la tragedia del 27 de febrero pasado.聽聽

Los tableros de cholgu谩n, por su ductilidad y menor precio que las maderas tradicionales, adem谩s de su utilizaci贸n en muebles (sobre todo en las partes que no quedan a la vista), son tambi茅n ocupados en considerables y diversos menesteres, que parten con las tareas escolares. Habr铆a que preguntarle a alguien del grupo Angelini, propietario de varias empresas ligadas a dicho producto maderero, c贸mo anda este negocio que parece generar buenas entradas monetarias y no pocos conflictos ambientales, laborales y sociales.聽聽

Sin lugar a dudas, tal como ha sido en otras ocasiones similares, tanto el terremoto como el maremoto de hace tres meses marcaron (y seguir谩n haci茅ndolo) nuestra historia presente. Los coletazos del gran sismo, m谩s all谩 de su natural fuerza destructiva, han dado pie a un debate que est谩 lejos de desaparecer de la escena criolla. Y mientras no se asuma a carta cabal los errores previos y los que se sucedieron despu茅s, ser谩 imposible no hacer m谩s referencias al tr谩gico evento. La mesa est谩 servida.聽聽

El terremoto devel贸 una serie de carencias que las cifras macroecon贸micas ten铆an escondidas. Y as铆 como muchos se sorprendieron con el accionar de la gente que recurri贸 a pr谩cticas que la informaci贸n oficialista y casi monopolizada reservaba a pa铆ses poco desarrollados (siendo Hait铆 el paradigma), tantos otros reci茅n descubrieron que hab铆a muchos compatriotas viviendo situaciones m谩s que m铆seras y que, como se帽alara un amigo, en muchos aspectos demostr贸 que nuestro Chile tiene una complexi贸n de cart贸n鈥 o de cholgu谩n, agregar铆a yo.聽聽

En las primeras semanas post sismo, m谩s all谩 de la iniciativa de organizaciones de la civilidad, unas cuantas autoridades edilicias se abocaron a catastrar la magnitud del desastre. Cuadrillas de profesionales, t茅cnicos y funcionarios administrativos recorr铆an calles y pasajes para tratar de establecer, cartilla en mano, un balance m谩s certero que el otorgado por la pura impresi贸n de la vista. En esta labor contaron con la ayuda no menor de decenas de estudiantes universitarios y secundarios, a la saz贸n todav铆a sin clases regulares.聽聽

En no pocos de los sectores poniente y sur de la comuna de Santiago, todav铆a con edificaciones a帽osas y representativas de estilos constructivos que hablan de un pasado m谩s espacioso y menos urgente, los voluntarios responsables de catastrar (quise colocar catastradores, pero parece que esa palabra no existe y, adem谩s, se prestar铆a para equ铆vocos), digo que esas personas que acometieron la labor de cuantificar los da帽os en las propiedades se encontraron con varias sorpresas, que a m谩s de alguno dej贸 con el habla para adentro y a otros, m谩s expresivos, los hizo llorar de pena.聽聽

No pod铆an dar cr茅dito a la realidad que los cacheteaba. Claro, se帽alo yo, c贸mo no iba a ser de tal modo si buena parte de estos valerosos j贸venes, con tiempo y ganas de ayudar pues el terremoto no los afect贸 en forma personal, acostumbrados a ver un paisaje en que la precariedad material no existe, reciben a diario informaciones que dan cuenta de un pa铆s que ingresa a clubes exclusivos del primer mundo y que inaugura modernas autopistas concesionadas.聽聽

Y cu谩l es la novedad que provoc贸 el escozor y las l谩grimas de estos nobles muchachos. Que en nuestro querido Santiago del siglo 21, en muchas casas antiguas, de esas amplias y con varias habitaciones, que anta帽o fueron residencia de alg煤n clan numeroso y adinerado, sus actuales propietarios arriendan cada pieza a un promedio de sesenta mil pesos mensuales鈥 para una familia. O sea, en un espacio bien reducido, si el grupo est谩 constituido por unas cuatro personas, para no andar chocando entre s铆 deben hacer mejores fintas que las de Messi en el 谩rea chica.聽聽

Seg煤n otro amigo, que particip贸 en esas cuadrillas de encuestadores, en dichos lugares 鈥渆l espect谩culo con el que uno se encuentra es muy dantesco; m谩s dram谩tico de lo que se muestra y m谩s complejo incluso de lo que uno se imagina鈥. Y agrega, a rengl贸n seguido, que 鈥渆ste tipo de arriendo por piezas es un negocio muy lucrativo, con cero inversi贸n y dinero fresco de retorno r谩pido鈥.聽聽

Pero lo descrito m谩s arriba no es todo. S铆, hay m谩s todav铆a. Qu茅 cosa. Pues que algunos de estos arrendatarios extienden la cadena un poco m谩s abajo, subarrendando esas habitaciones, principalmente a la no poca poblaci贸n de inmigrantes, sobre todo de los que se encuentran ilegales en el pa铆s, ya que 茅stos no tienen las herramientas jur铆dicas para exigir nada. A estas alturas no puedo dejar de evocar a alguna de esas pel铆culas del cine italiano de unas d茅cadas atr谩s, especialmente la que Ettore Scola titul贸 鈥淔eos, sucios y malos鈥.聽聽

Podr谩n imaginarse ustedes el hacinamiento, la promiscuidad y los severos problemas higi茅nicos de familias que viven (si puede llamarse as铆) a pocas cuadras de la Plaza de Armas de la capital. En un estudio realizado hace pocos a帽os a prop贸sito de la gente que est谩 en la llamada, eufem铆sticamente, 鈥渟ituaci贸n de calle鈥, alguno de los entrevistados expres贸 que prefer铆a dormir a la intemperie que en esas pocilgas donde lo menos que se ganaba era la picadura de un chinche.聽聽

Y c贸mo lo hacen esos arrendadores para subdividir espacios que antiguamente eran ocupados para dormir, por una o, a lo m谩s, dos personas. Exacto: con planchas de cholgu谩n. As铆 las improvisadas paredes se pueden desmontar f谩cilmente si la ocasi贸n lo amerita. Ah铆 est谩, una vez m谩s, la gracia de esta madera prensada, de poco espesor y que, por su color caf茅 oscuro, impide que en la situaci贸n descrita los unos se vean con los otros en la intimidad de la noche. Me dice usted que tal tabiquer铆a no impide escuchar lo que pasa en la 鈥減ieza鈥 de los vecinos. Bueno, eso tiene otro precio鈥 que 鈥渓os reyes del cholgu谩n鈥 no pagar谩n.聽

En el marco del D铆a del Patrimonio Cultural, que impulsa el Consejo de Monumentos Nacionales,聽y del programa “Recorridos Patrimoniales por Santiago” que lleva adelante Cultura Mapocho, el pasado domingo 30 de mayo,聽m谩s de un centenar de personas recorri贸 un tramo de聽la Alameda Bernardo O’Higgins, reconociendo e interpelando a la historia que聽nos presenta una serie de monumentos instalados ah铆.

En esta ocasi贸n, al equipo de gu铆as y socios de Cultura Mapocho que dirigi贸 la jornada, se sum贸 la presencia de la destacada investigadora de la escultura p煤blica de Santiago Liisa Flora Voionmaa, quien contextualiz贸 al inicio del recorrido la relaci贸n entre los monumentos y la memoria.聽

En las siguientes im谩genes se puede apreciar parte de lo vivido el domingo pasado, en un recorrido que se inici贸 en el frontis de la Casa Central de la Universidad de Chile (de la que contamos su valiosa historia) y que finaliz贸 en la explanada de la estaci贸n del metro Los H茅roes, al lado del monumento “Mujeres en la memoria”, que recuerda a las mujeres聽desaparecidas y v铆ctimas de la represi贸n pol铆tica. Agradecemos una vez m谩s a nuestro amigo fot贸grafo Claudio Jorquera, autor de buena parte del material gr谩fico que presentamos a continuaci贸n:聽

1. Fotograf铆a colectiva, a los pies de la estatua de Rebeca Matte a “Los h茅roes de la Concepci贸n”:

Fotograf铆a colectiva. Claudio Jorquera

2. Liisa Flora Voionmaa, al inicio del recorrido,聽contextualiza el tema de los monumentos y la memoria:

Liisa Voionmaa: monumentos y memoria. Foto de Claudio Jorquera

3. Bajo la estatua de Andr茅s Bello, el p煤blico escucha a la autora del libro “Escultura P煤blica, del monumento conmemorativo a la escultura urbana, Santiago 1792-2004″, Liisa Flora Voionmaa:

Bajo la mirada de Bello. Foto de Claudio Jorquera

4. Los asistentes “dialogan” con los hermanos Amun谩tegui:

Hermanos Amun谩tegui. Foto de Anal铆a Cuiza

5. Un aspecto de la caminata por la Alameda:

Caminando por Alameda. Foto de Claudio Jorquera

6. En el coraz贸n del Barrio C铆vico:

En el barrio C铆vico. Foto de Anal铆a Cuiza

7. Bajo la atenta mirada del moai de Isla de Pascua:

Al lado del moai. Foto de Claudio Jorquera

8. Avanzando por el bandej贸n central de la Alameda:

Por el bandej贸n. Foto de Claudio Jorquera

9. Los asistentes ahora “conversan” con Ram贸n Freire:

Conversando con Freire. Foto de Claudio Jorquera

10. Saludando a Jos茅 Artigas:

Artigas. Foto de Anal铆a Cuiza

11. Aprendiendo de “Las educadoras”, Antonia Tarrag贸 e Isabel Le-Brun:

Con

12. En el 煤ltimo hito del recorrido, frente al monumento “Mujeres en la memoria” (en lamentable estado), en la explanada de la estaci贸n del metro Los H茅roes:

Mujeres en la memoria. Foto de Anal铆a Cuiza

13. El p煤blico recibe de parte de Cultura Mapocho publicaciones donadas por Ministerio de Bienes Nacionales, Memoria Chilena y Consejo de Monumentos Nacionales:

Sorteo de publicaciones. Foto de Anal铆a Cuiza

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